Al caminar entre gritos de “lleve su playera”, “tacos, pase
por sus tacos”, “lleve la foto de Zinha, de Cardozo o de Nava” y otros tantos
que se pierden entre el sonido de las porras y chiflidos, percibo un olor, un
perfecto balance entre carne, chile, cilantro, orégano, ajo, sal, nueces, y otras
especias que se fríe lentamente en aceite hirviendo. La perfecta armonía me
invita a, entre empujones, acercarme a la multitud que rodea un puesto de
tacos. El olor se vuelve cada vez más endilgador lo que ayuda a que mis papilas
gustativas comiencen a salivar. Levanto la mano, saludo al taquero y pido dos
tacos de chorizo antes de entrar al estadio.
viernes, 25 de octubre de 2013
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